La salud ósea en mujeres premenopáusicas y posmenopáusicas es una preocupación creciente debido a la incidencia de la osteoporosis. Este trastorno es mayormente invisible en sus etapas iniciales, lo que dificulta su detección temprana. Con la evolución de la investigación, el ejercicio físico se revela como un factor clave en la prevención de la osteoporosis, actuando como un complemento a las intervenciones farmacológicas tradicionales.
Dos estudios recientes realizados por la Universidad de Sevilla destacan la importancia del ejercicio no supervisado y de alta intensidad como métodos eficaces para mejorar la densidad mineral ósea (DMO) en diferentes grupos de edad entre mujeres. Se examinan tanto los ejercicios de intensidad ligera para mujeres premenopáusicas como los ejercicios de alta intensidad para mujeres postmenopáusicas.
El grupo de investigación Biofanex de la Universidad de Sevilla realizó un estudio para medir la eficacia del ejercicio físico no supervisado en mujeres premenopáusicas. Esta investigación involucró a mujeres entre 35 y 50 años, quienes realizaron ejercicios de baja intensidad durante seis meses. El objetivo era observar su efecto en la salud ósea, usando biomarcadores presentes en la sangre para medir cambios en la densidad ósea.
Los resultados mostraron que las participantes experimentaron mejoras significativas en su densidad ósea, reduciendo ciertos biomarcadores asociados con la degradación ósea. Esto sugiere que el ejercicio de carga dinámica de alto impacto puede prevenir la osteoporosis en mujeres premenopáusicas.
Estas prácticas, realizadas de manera constante y no supervisada, proporcionaron beneficios comparables a los programas más estructurados, destacando la viabilidad de este enfoque para mujeres que no tienen acceso a centros de ejercicio especializados.
En mujeres posmenopáusicas, donde el riesgo de osteoporosis es más evidente, el entrenamiento de fuerza e impacto de alta intensidad (HiRIT) ha mostrado ser un método eficaz no solo para aumentar la DMO, sino también para prevenir caídas, un factor crítico en la reducción de fracturas. Conoce nuestras recomendaciones para el ejercicio seguro en nuestra página de servicios.
El efecto osteogénico del ejercicio está vinculado a la mecanotransducción ósea, un proceso en el que las células óseas responden al estrés mecánico activando rutas que promueven la formación de hueso. La seguridad de estos programas es destacada, especialmente cuando son supervisados por profesionales, mostrando mínima incidencia de fracturas o agravamiento de condiciones óseas preexistentes.
Un enfoque interdisciplinario que combine ejercicio de alta intensidad con tratamientos farmacológicos avanzados ofrece un camino prometedor para el manejo de la salud ósea en mujeres. Conoce más sobre nuestros servicios en nuestra sección de servicios.
En resumen, el ejercicio es un aliado poderoso en la lucha contra la osteoporosis en mujeres. Desde prácticas diarias de bajo impacto hasta entrenamientos intensivos bajo supervisión, todas estas actividades contribuyen a mejorar la salud ósea y prevenir fracturas.
Además de ser accesible para muchas, esta forma de autocuidado biomecánico no solo fortalece los huesos, sino que también mantiene mejor controlada la calidad de vida conforme las mujeres envejecen.
Para profesionales del área de salud y ejercicio, estos estudios subrayan la importancia de considerar la frecuencia, intensidad y tipo de actividad física como variables críticas para la intervención en salud ósea, personalizando los programas según las necesidades y capacidades individuales de cada grupo etario.
El entrelazado de la actividad física con elementos biológicos fundamentales como la mecanotransducción y la coordinación músculo-esquelética, mientras se consideran las sinergias potenciales con la farmacoterapia, ofrece un campo fértil para investigaciones futuras y la optimización de estrategias de prevención de osteoporosis. Descubre más análisis y resultados en nuestro blog sobre cuidados innovadores.
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